sábado, 5 de junio de 2010

IDEARIO PENTATHLONICO

I.- Trata de darle a la Patria más de lo que tu vida merece.

II.- No pretendas ser el menos malo de los peores: esfuérzate por ser el mejor de los buenos.

III.- Recuerda que las deficiencias ajenas no aumentan tu valer, ni disculpan tu ignorancia.

IV.- Vales, no por lo que tienes sino por lo que haces.

V.- Tu riqueza no estriba en estar rodeado de mendigos; ni tu sabiduría en reinar sobre ignorantes; ni tu virtud en la existencia de los perversos; ni tu fuerza por los débiles que conoces. Tu valer será auténtico cuando prescindas de lo que hay de negativo para establecer tus auto referencias.

VI.- Admite que hay nobleza en ti, cuando los triunfos legítimos de tu prójimo te causen alegría.

VII.- Actúa como si todo de ti dependiera: pelea como si sólo tuvieras que vencer; trabaja como si fueras el único responsable: piensa y rinde como si fueras el mejor. Y todo esto, no lo tomes como exceso heroico, sino como elemental deber.

VIII.- No son las bellas frases las que logran salvar a la Patria; sino los grandes ideales y las grandes y permanentes obras que construyen. Prefiere ser buen obrero a elegante versificador.

IX.- Si has logrado algo bueno, alégrate, pero no olvides que hay quien lo puede hacer mejor.

X.- No esperes que nadie ejecute el trabajo que te corresponde: esto es propio para los inválidos del cuerpo y de la mente o para el ruin especulador.


Xl.- Si has adquirido rango por lo que hiciste, para conservado con honor, piensa que nada has hecho aun.

XII.- El carácter no lo forjes eludiendo los obstáculos sino venciéndolos.

XIII.- Si no puedes resolver una situación con dignidad y eficacia, pide ayuda a los que saben y pueden más que tú, pero no la compliques con tu orgullo o ineptitud.

XIV.- No pretendas encontrar el mejor amigo, trata de serlo para todos.

XV.- Que tus manos sean fuertes y duras por el trabajo, más no por los aplausos que tributes a los poderosos,

XVI.- Prefiere la compañía de los cerdos y el aire de las alcantarillas, que la compañía de los déspotas explotadores y su atmósfera de perfumes.

XVII.- Sí mandas: no humilles. Si obedeces: no defraudes. Si mandas: piensa. Si obedeces: piensa también.

XVIII.- Si tu obligación como animal es vegetar; como hombre es pensar, trabajar, amar... Que no sea sólo tu corpulencia lo que te satisfaga, pues hay muchas bestias superiores a ti.

XIX.- Si deseas hacer ostentación de algo, que sea de tu limpieza y de tu buen humor.

XX.- Respeta las sinceras opiniones ajenas aunque difieran de las tuyas; pero tu propia convicción no la desprecies ni la escondas.

XXI.- Evita que tus buenas obras repugnen; hazlas sin jactancia.

XXII.- Aun cuando nadie te vea, pórtate como hombre, no esperando recibir el reconocimiento de ninguno para conducirle con dignidad.

XXIII.- Mejora tus conocimientos con el entusiasta esfuerzo perseverante y aplícalos en beneficio de quienes los han menester.

XXIV.- Trata de ser fuerte en lo favorable o en lo adverso, mas tu fuerza oriéntala en favor de la justicia.

XXV.- No sólo te afanes en encontrar a los que necesitas, procura descubrir a los que de ti puedan ser favorecidos.

XXVI.- Considérate muy lejos del ideal que se persigue si la miseria o el hombre de tu prójimo no te hieren.

XXVII.- Si te entusiasma morir como héroe, considera que la Patria, más que muertes necesita vidas victoriosas.

XXVIII.- Lucha siempre por la igualdad; pero no por aquella sumergido en el cieno y con afrentas, sino a la altura de las mejores expresiones humanos: La justicia, el honor, el trabajo, la cultura y las formas de superación moral y estética.

XXIX.- Si tu valer es auténtico, no lo será más si lo pregonas.

XXX.- El estímulo de tus obras no lo busques en las recompensas de oropel, sino en la adquisición íntima de un mejor rango moral o intelectivo.

XXXI.- Nunca te avergüence haber creído en la dignidad de alguien desprovisto de ella, pues el perverso y el irredento absolutos sólo existen en patología.

XXXII.- Que tu vida que no pase como yerba parásita que nunca da frutos y vive de los demás.

XXXIII.- Evita hacer el ridículo considerándote indispensable, pero no te menosprecies considerándote inútil.

XXXIV.- Reunir por afinidades negativas a los descontentadizos, a los murmuradores, a los canallas, a los cobardes, es fácil y no te envanezcas con poder lograrlo, ya que cualquiera lo puede; empero, que te colme la satisfacción de conservar la unión, la armonía y la paz por afinidades positivas, aun de aquéllos que llenen características muy diferentes. Esto es singular y tiene mérito.

XXXV.- Sé alegre sin bajeza, cortés sin amaneramiento ni servilismo; culto sin pedantería; valiente sin temeridad; sencillo sin estulticia y fuerte sin fanfarronería.

XXXVI.-Ten fe en tus propósitos y persevera en ellos con la confianza de hacerlos realidad, cualquier buen éxito súmalo al estímulo de tus esfuerzos, Cualquier fracaso anótalo en el catálogo se tus experiencias; mas nunca abandones tu tarea ni la empobrezcas con tu desaliento.

XXXVII.-Si tus ancestros te legaron tradición de gloria y honra, deber tuyo es corresponder en demasía a que ni una ni otra se acabe y se manche; empero si te legaron miseria y ruina, deber tuyo es realizar lo que ellos no pudieron, más la parte que a ti te corresponde.

XXXVII.-Trata de ajustar tus buenas intenciones con la realidad de tu vida; sigue el ejemplo de los que actúan bien antes de deleitarte con las arengas de los teorizantes.

XXXIX.- Prodígate con generosidad hacia las cosas dignas que motiven saludable alegría, pero sé avaro cofre cerrado a las murmuraciones y los prejuicios.

XL.- Nada de lo que existe es despreciable; el macrocosmos tiene como principio las ínfimas partículas de energía. En todo hay coordinación, poder y belleza. La bacteria más pequeña resume abismos de misterio que dejan suspenso el pensamiento vinculado con la técnica y desencadenando la fantasía. Para admirar el manto celeste es impropio hundirse en las profundidades de un pozo y mejor se procuran las alturas, así para descubrir el valer de un semejante no sólo has de calificarle por lo que de penumbras tiene, pues él es más que la bacteria y también lo alumbra el sol y la tierra lo alimenta.

XLI.- Vislumbra mejor la finalidad de tu existencia, de la misma manera que el artista trata de plasmar las sinfonías que surgen de los bosques o las que del desierto se levantan o emergen de las gargantas abismales batidas por los torrentes; los voces de las tempestades; el allegro de la brisa; el contrapunto de los oleajes; las arias de las aguas serenas; los himnos petrificados de los peñascales que se lanzan hacia el cielo; y cuando como él, esto logres percibir comprenderás que tu vida no carece de sentido.

XLII.- Trata que tus pensamientos sean como el aire de las montañas; amplios, puros y benévolos para todos.